Esta carta me la ha enviado una paciente (la publico con su permiso y ocultando todo lo que puede identificarla). Es una carta acerca del final de nuestra relación terapéutica en la que explica como ha vivido ella la experiencia de una psicoterapia y cuenta como ha cambiado su forma de experimentar la vida y experimentarse ella.

Cuando llegó a la consulta era una persona perdida y abrumada por una relación tóxica que le impedía avanzar en su vida. Ver en acción el potencial para la salud y la búsqueda de la felicidad que tenemos TODAS las personas aún me sigue emocionando después de 15 años de trabajo.

Ayer ella y yo terminamos nuestra última la sesión con un abrazo, agradecidos los dos por el viaje realizado.

Espero que os emocione tanto como a mí.



He de reconocer que tengo un vicio secreto. Cuando doy un alta, pido a mis pacientes un pequeño escrito, una redacción, en la que cuenten cómo han vivido la relación terapéutica desde su lado. Esto me ayuda a ver que ha resultado de utilidad a cada paciente y progresar en mi labor; He de admitir que mis pacientes casi siempre me sorprenden. Muchas veces el clic se produce en cosas y momentos diferentes a los que yo pienso, no ha sido tal o cual técnica, si no los momentos de conexión y compresión íntima los que les han ayudado a verse de otra forma.

Hoy me gustaría compartir el escrito que me ha dado una paciente (con su consentimiento) que acudió a mí con una Depresión mayor (según el DSM-V de la Asociación Psiquiatrica Americana) o un Trastorno Depresivo Recurrente Moderado (según el CIE-10 de la OMS).


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