Esta carta me la ha enviado una paciente (la publico con su permiso y ocultando todo lo que puede identificarla). Es una carta acerca del final de nuestra relación terapéutica en la que explica como ha vivido ella la experiencia de una psicoterapia y cuenta como ha cambiado su forma de experimentar la vida y experimentarse ella.

Cuando llegó a la consulta era una persona perdida y abrumada por una relación tóxica que le impedía avanzar en su vida. Ver en acción el potencial para la salud y la búsqueda de la felicidad que tenemos TODAS las personas aún me sigue emocionando después de 15 años de trabajo.

Ayer ella y yo terminamos nuestra última la sesión con un abrazo, agradecidos los dos por el viaje realizado.

Espero que os emocione tanto como a mí.



Al ver este vídeo de The representation project he recordado lo que decía el Doctor Eric Berne sobre como los mandatos y atribuciones que recibimos en nuestros primeros años de vida marcan lo que creemos de nosotros y del mundo que nos rodea.

El papel de la psicoterapia es ayudar a romper esos mandatos y atribuciones que nos hacen sufrir. Buscar las rigideces de la dinámica intrapsíquica para encontrar dentro de nosotros una flexibilidad que nos permita buscar nuestra propia felicidad.

Sólo tiene subtítulos en inglés, pero creo que se entiende bien.



Más allá de la noche que me cubre

negra como el abismo insondable,

doy gracias a los dioses que pudieran existir

por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias

nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino

mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas

donde yace el Horror de la Sombra,

la amenaza de los años

me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,

cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino:

soy el capitán de mi alma.

Invictus. William Ernest Henley (1875)



Admitámoslo, nuestro cerebro es un troll. El Doctor Jacob Levy Moreno decía que dentro de nuestro cerebro no somos uno, somos un grupo; Un grupo de voces que se alternan en hablar, tomar decisiones, interpretar lo que nos rodea, estar al mando… dependiendo de la situación en la que nos encontremos.

En ocasiones, esas voces nos ayudan dando ánimos, quitando importancia a algunas cosas, con una interpretación amable de la vida, validando sentimientos y emociones, pero, en otras, se convierten en un auténtico troll de la peor especie. ¿Quien no ha pensado alguna vez “debería poder con esto”? o “tengo que ser capaz de…”, “todos son…”, “No puedo aguantar más”, “seguro que piensan que…”, “voy a hacer el ridículo”, “sabía que la cagaría”… Que cada uno añada sus propias frases.


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