Lo que hacemos para “encajar”

15 enero 2016 por Serenamente1
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Nos gusta pensar que como seres humanos somos capaces de tomar decisiones correctas y nadie nos influye si no queremos. Así que si, por ejemplo, yo preguntase ¿qué es más largo, una cerilla normal y corriente o un bolígrafo Bic común? Nadie duda que el bolígrafo y nada ni nadie nos haría cambiar de opinión hasta llegar a estar convencidos de lo contrario ¿verdad?

¿Y si estamos rodeados de personas que piensan diferente y aseguran que claramente la cerilla es más larga? ¿Cambiamos de opinión? No, por supuesto que no, ¿o sí? Fíjense que no estoy hablando de personas que tienen opiniones diferentes sobre algo abstracto, si no de personas que opinan de algo que ESTÁN VIENDO DIRECTAMENTE.

¿Nos conformamos con los juicios de los demás cuando estos son obviamente erróneos y van en contra de lo que dicen nuestros sentidos y la realidad física? ¿Ganará la realidad social y cambiaremos de opinión o seremos fieles  a lo que dicen nuestros sentidos?

El psicólogo Solomon Asch se hizo estas preguntas en los años 50 y, lejos de ponerse a divagar decidió liarse la manta a la cabeza  y diseño un experimento muy elegante que deja claro lo que somos capaces de hacer para “encajar” en un grupo. Al final del artículo hay un vídeo original de los experimentos de Asch.

Asch invitó a grupos de 7 personas a participar en un experimento sobre discriminación visual. La tarea era muy sencilla, tenían que decidir en 18 ocasiones cuál de 3 líneas era semejante a una línea patrón. Para facilitarlo aún más, la respuesta correcta era evidente en las 18 ocasiones.

Grafica
En este ejemplo de la tarea la linea que es igual a la de referencia es la C,

Las condiciones eran muy simples, cada grupo de 7 personas estaba sentado en semicírculo y tenían que dar la respuesta en voz alta y en orden del primero al séptimo. La realidad es que solo el que estaba en el puesto número 6 era el sujeto investigado, el resto eran “compinches” en el experimento que solo en 6 de las 18 comparaciones contestaban correctamente (las 2 primeras y otras 4 distribuidas en la sesión), en las otras 12 ocasiones, daban sin aspavientos una respuesta unánime y claramente errónea.

Este experimento se ha realizado múltiples veces por diferentes investigadores desde entonces y siempre con resultados similares, resultados que no dejan lugar a dudas. Ante este tipo de presión grupal, todos los sujetos fueron influenciados, dando un porcentaje de respuestas claramente erróneas muy significativo.

Es fácil extrapolar aplicaciones en nuestra sociedad y ver como esa presión de grupo por no ser el diferente y “encajar” puede afectar a los adolescentes (y no tan adolescentes), al inicio en el consumo y mantenimiento de drogas, la instauración de radicalismos (ultra derecha o extrema izquierda, deporte, racismo), de prejuicios, acoso escolar, incorporación a sectas, insensibilizar ante el sufrimiento humano y animal…

En definitiva, tal vez nuestras decisiones no sean tan correctas como pensamos y quizá estemos más influenciados por los demás de lo que creemos. Al fin y al cabo, si lo dicen los demás, será cierto…

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