En la mayoría de las ocasiones, creemos que somos capaces de sobreponernos y adaptarnos a cambios drásticos en nuestras vidas. Sólo decidimos buscar ayuda profesional cuando consideramos, después de un modo prudencial, que no lo estamos llevando bien.

Desde la experiencia, hemos recopilado una serie de situaciones en los que es recomendable ir a terapia:

  • Divorcios, tanto para los adultos como para los niños/as, si los hubiera.
  • Si después de 6 meses de la pérdida de un ser importante en nuestra vida, no ha habido una adecuada adaptación a la nueva situación, es decir, estamos casi como al principio.
  • Hechos violentos (agresiones, ambientes hostiles…).
  • Accidentes que nos incapacitan, incluso de manera leve o moderada.
  • Cambios en el entorno social, que suponen un gran vuelco respecto a lo que estamos acostumbrados.


He de reconocer que tengo un vicio secreto. Cuando doy un alta, pido a mis pacientes un pequeño escrito, una redacción, en la que cuenten cómo han vivido la relación terapéutica desde su lado. Esto me ayuda a ver que ha resultado de utilidad a cada paciente y progresar en mi labor; He de admitir que mis pacientes casi siempre me sorprenden. Muchas veces el clic se produce en cosas y momentos diferentes a los que yo pienso, no ha sido tal o cual técnica, si no los momentos de conexión y compresión íntima los que les han ayudado a verse de otra forma.

Hoy me gustaría compartir el escrito que me ha dado una paciente (con su consentimiento) que acudió a mí con una Depresión mayor (según el DSM-V de la Asociación Psiquiatrica Americana) o un Trastorno Depresivo Recurrente Moderado (según el CIE-10 de la OMS).


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